lunes, 29 de agosto de 2016

Esa puta tan distinguida: trágalas y tragaderas

El estancamiento político en España ha ido «demasiado lejos» y sólo es cuestión de tiempo que este bloqueo, que ya lastra la influencia española en Europa y a nivel internacional, perjudique a la evolución económica, según señala hoy el Financial Times en un artículo, Spain’s political deadlock has gone on far too long (El estancamiento político en España ha durado demasiado), que pide al líder del PSOE, Pedro Sánchez, que el centro izquierda «se abstenga» esta semana, permitiendo la investidura de Mariano Rajoy. Otros medios nacionales como El País también han abogado insistentemente por esta vía de la abstención, lo que significa una actitud muy diferente a la que mantenía a mediados de la legislatura.

En la última novela de Juan Marsé, Esa puta tan distinguida, la puta es precisamente la memoria. Y memoria es lo que le falta a quienes redactan (que no firman) los editoriales que, como es bien sabido, marcan la posición y la tendencia de un medio de comunicación. Memoria no le falta a mi querido amigo Hugo Morán, que hoy, también, publicaba en Diario 16 un artículo, Trágalas y tragaderas, que es como un martillo que resuena sobre el yunque de la olvidadiza memoria de los que ajustan las neuronas a conveniencia. Con permiso de Hugo, lo transcribo:

«“Rajoy y estabilidad no son hoy términos compatibles”. Esto se leía allá por el mes de julio del año 2013 en el editorial de uno de los principales periódicos españoles, a raíz de la filtración de los SMS que el hoy Presidente en funciones del Gobierno de España había remitido al otrora tesorero y gerente del Partido Popular, Luis Bárcenas, una vez había trascendido la noticia judicial del descubrimiento de depósitos bancarios en Suiza por importe de unos cuarenta millones de euros, procedentes presuntamente de donaciones irregulares escamoteadas a la Hacienda Pública en nuestro país.

La rocambolesca salida de Bárcenas de la cúpula de dirección del PP, simulada, en diferido, indemnizada, judicializada y ampliamente difundida por todos los medios de comunicación, desembocó en una no menos hilarante cadena de despropósitos que, quizás por estrambótica, acabó diluyendo buena parte de las paladas de sinvergonzonería que se traslucían del relato de no menos de dos décadas de latrocinio institucional. Correa, el bigotes y toda aquella panda de saqueadores que habían copatrocinado la megaboda de El Escorial, quedaban empequeñecidos ante las escandalosas evidencias de nombres y cargos vinculados a los sobres procedentes de la contabilidad en B de un partido al mando de buena parte de los presupuestos públicos de las distintas Administraciones. “Tangentópolis” en versión carpetovetónica.

¿Qué ha ocurrido desde entonces a ahora para que, quien por entonces era incompatible con el concepto de estabilidad, concite hoy adhesiones editoriales en reclamo de unos votos “responsables” que le permitan reeditar mandato al frente de la Jefatura del Gobierno, en las mismas páginas que no hace tanto exigían su dimisión? Pues sencillamente que han ido cayendo hojas de los calendarios judiciales, y lo que entonces eran contundentes evidencias periodísticas, son hoy sólidos indicios procesales que han desembocado en un Partido Popular bajo fianza en las primeras piezas separadas de un conjunto de causas abiertas, que anticipan años de instrucción y estomagantes revelaciones, llamadas a socavar todavía más el menguado crédito que conserva la denostada política patria.

Pero, sorprendentemente, los mismos que deberían haber consolidado sus iniciales convicciones mediáticas, al verse estas demostradas en evidencias policiales y confirmadas en sucesivas instrucciones judiciales, nos salen ahora con que la sociedad no merece el maltrato de ser llamada de nuevo a las urnas, que el país no puede soportar una nueva prórroga de la incertidumbre que amenaza su estabilidad y pone en riesgo su recuperación, y que tanta irresponsabilidad aboca al cuestionamiento mismo del sistema y de sus reglas básicas. Que son tiempos de visión de Estado por encima de cualesquiera otros intereses.

Y es cierto. Hay momentos en que se ponen a prueba las virtudes de la política y las aptitudes de quienes tienen encomendadas las responsabilidades que se derivan de su ejercicio. Claro que conviene no confundirse de valores a la hora de reclamar lo uno y lo otro. Y lo que verdaderamente está en juego, antes que la posibilidad de ponerse de acuerdo en unas u otras medidas, en la reforma de determinadas leyes y la promulgación de nuevas normas, o en el cumplimiento de cualesquiera objetivos y plazos, es si estamos dispuestos como sociedad a comerciar con la democracia a cambio de una estabilidad más aparente que real, a canjear decencia por comodidad, a poner en almoneda principios tan básicos como la honradez, o a convertirnos en rehenes de nuestro propio silencio cómplice.

Mario Chiesa abrió la caja de Pandora en aquella Italia de Andreotti, Craxi o Berlusconi que, de la mano de magistrados como Antonio Di Pietro, quiso reinventarse mediante un proceso más social que judicial conocido como “Mani pulite”. El propio Berlusconi se empleó con su imperio televisivo, elecciones mediante, en una gran operación de blanqueo de Estado, frustrando así las esperanzas de aquella ciudadanía entonces indignada que parece haber asumido hoy la condición de ciudadanía resignada.

Confío en que la inmensa mayoría de españoles no comparta las tragaderas de quienes pretenden imponernos este trágala, confundiendo los intereses del conjunto de los ciudadanos con los suyos propios. Porque la memoria de un ordenador puede ser borrada y las pruebas de la indignidad destruidas, pero la memoria de una sociedad permanece para orgullo o vergüenza de sus actores».


Lo suscribo y ahí lo dejo.

Messi y los gremios

Hacienda somos todos, Messi paga ya.
Canto coreado en los campos de fútbol.
Si hay algo seguro en este mundo, son la muerte y los impuestos.
Benjamin Franklin
Si los hombre fueran ángeles no harían falta los gobiernos.
James Madison.


Como todo el mundo sabe, el futbolista Leo Messi fue llevado a juicio porque el delantero del Barça se "benefició" de un entramado societario con el que defraudó a Hacienda 4,1 millones de euros en concepto de IRPF. Por otra parte, leo que Leo se ha convertido en el primer contribuyente de España al abonar en un año a Hacienda 53 millones de euros. 

Hagamos la cuenta de la vieja: si ha hurtado al fisco 4,1 millones y ha abonado 53, resulta que el argentino ha cometido un fraude equivalente al 7,7% de sus ingresos. 

Como cada verano, los trabajos de mantenimiento y mejora de mi vivienda me han obligado a solicitar los servicios de diferentes profesionales. Por mi casa han pasado los probos representantes de los siguientes gremios:

  1. Persianería.
  2. Toldería.
  3. Carpintería.
  4. Fontanería.
  5. Albañilería.
  6. Reparadores de electrodomésticos.
Llegado el momento de abonar los servicios, todos ellos, sin excepción, como un solo hombre y como si se hubieran puesto de acuerdo, me ofrecieron la posibilidad de pagar en negro o, lo que es lo mismo, sin abonar el IVA.

Por si alguien no lo sabe, el IVA representa el 21% del importe de las facturas. 7,7% frente al 21%.

Pero ¿no estábamos de acuerdo en que había que prescindir de los políticos para darle el poder a la gente? Y todavía más: ¿basta sustituir a los de arriba por los de abajo o a la élite por la gente común para que desaparezca la corrupción y tengamos un país más justo, benemérito y próspero? Dado que nadie con dos dedos de frente se cree la monserga de que el pueblo es esencialmente virtuoso, ¿no ocurrirá más pronto que tarde que, convertidos en la nueva élite, los de abajo se vuelvan tan egoístas, corruptos y privilegiados como los de arriba, la nueva casta como la vieja? 

 Ahí lo dejo.

domingo, 28 de agosto de 2016

Los mares atarjeas, los océanos cloacas

En una entrada de hace cuatro años me ocupé del enorme problema que representa el vertido de los plásticos a las aguas continentales y, sobre todo, su acumulación en cantidades colosales en océanos y mares. Escribí entonces que en el Pacífico Norte se había formado un basurero apocalíptico de plásticos, una especie de continente cloaca cuyo tamaño real puede alcanzar unos veinte millones de kilómetros cuadrados: cuarenta veces el tamaño de España.

El informe Basura Marina: Un Desafío Global, del Programa de las Naciones para el Medio Ambiente (PNUMA), destaca al plástico como uno de los principales contaminantes de nuestros océanos. De hecho, algunas fuentes estiman que constituye entre el 60 y el 80% de toda la contaminación marina y en algunos lugares la concentración de las minúsculas partículas de plástico supera en seis veces la del plancton. Volví sobre el asunto dos años después, en septiembre de 2014, con otra entrada, Polos de plástico, en la que recordaba que en el mundo se consumen cada año entre 500 billones y un trillón de bolsas de plástico y que menos del 1% de ellas se recicla: resulta más caro reciclar una bolsa de plástico que producir una nueva. Procesar y reciclar una tonelada de bolsas plásticas cuesta más de 3.500 euros: la misma cantidad se vende en el mercado de materias primas por 30.

Más de 13.000 piezas de desperdicios plásticos están flotando en este momento en cada kilómetro cuadrado de nuestros océanos; se estima que cada día acaban en el mar unos 8 millones de piezas de basura (equivalente al peso de 800 torres Eiffel de 14.285 aviones Airbus A380; bastarían para cubrir 34 veces la isla de Manhattan o el peso), de las que un 63% (5 millones) son residuos sólidos que han sido arrojados por la borda de algún buque; 100.000 tortugas y mamíferos marinos, como delfines, ballenas y focas mueren cada año como consecuencia de los restos de plástico con los que se «topan» en la oscuridad del océano; más de 2.000 millones de toneladas de aguas residuales -un cóctel mortífero de metales pesados, fertilizantes, pesticidas y otros contaminantes- se descargan en ríos, estuarios y aguas costeras cada año. Desde los mares, que funcionan como atarjeas, las corrientes trasladan nuestras inmundicias a los océanos, convertidos en cloacas.

Y así una interminable serie de datos que están «ahogando» nuestros mares. Se considera que en los mares de todo el mundo hay ya más de 200 zonas muertas, que son aquellas en las que falta el oxígeno hasta el punto de que la vida se hace imposible. Si a comienzos del siglo XX sólo había cuatro zonas de «mar muerto» en el mundo, a mediados de los años sesenta ya había 49, que se habían convertido en 87 en los años 70 y en 162 en los 80. Desde entonces la progresión no ha decrecido. En 1995 ya había 305 zonas inertes en las aguas cercanas a las costas en todo el mundo. En 2010 se estimaba que había 405, y que entre todas suman 245.000 kilómetros cuadrados, más de la mitad de la superficie de España.  

Mientras que la falta de medidas políticas es alarmante, la presencia de plásticos en los océanos es un problema que crece a gran velocidad a la vez que aumenta vertiginosamente su producción global. Se estima que en 2020 esta producción superará los 500 millones de toneladas anuales, lo que supondría un 900% la producción de 1980. Los principales datos sobre la contaminación de las aguas con materiales plásticos puede obtenerse en este enlace.

Un nuevo informe de la organización Greenpeace, Plásticos en el pescado y el marisco, hecho público el pasado 25 de agosto, coincidiendo con el último fin de semana del verano,  el momento en el que más residuos se generan en playas, ríos y embalses, expone las evidencias científicas del impacto de los microplásticos en los océanos y en los pescados y mariscos. El informe es una recopilación de las últimas investigaciones científicas que identifican los riesgos de los microplásticos (fragmentos < 5 mm) de desprender tóxicos y de ser ingeridos por animales marinos para viajar por la cadena trófica hasta nuestros platos de pescado o marisco.

Son bien conocidos y mejor documentados los impactos que las piezas de plástico tienen en la vida marina: animales atrapados, asfixia, estrangulación o la desnutrición que provoca su ingestión y el consiguiente bloqueo del aparato digestivo del desdichado animal que las haya digerido. Pero si usted cree que comer plástico es un problema de tortugas y delfines, está muy equivocado. Sí, ya sé que ni usted ni yo nos vamos a zampar la bolsa del supermercado, pero nos estamos comiendo, literalmente y sin saberlo, cantidades respetable de microplásticos.

Los microplásticos pueden proceder de objetos de mayor tamaño que al degradarse producen fragmentos cada vez menores, o ser directamente fabricados a tamaño microscópico, como sucede, por ejemplo, con las microesferas empleadas en productos cosméticos. El informe elaborado en la Universidad de Exeter, donde reside el laboratorio de investigación científica de Greenpeace, revela que las consecuencias potenciales de ambos tipos de residuos plásticos para la salud humana están, en buena medida, poco investigadas.

Una vez en el océano, los microplásticos pueden tanto atraer como desprender químicos tóxicos y ser ingeridos por la vida marina. Se ha demostrado que, en algunos casos, los peces jóvenes prefieren estos plásticos como su fuente natural de alimento. Aunque los efectos en la salud humana aún no están claros y se requiere más investigación, es fundamental optar por la precaución.


El actual sistema de gestión de residuos ya no es capaz de dar respuesta al creciente abandono de plásticos. Simples medidas como prohibir las bolsas de un solo uso o volver a vender con depósitos los envases de bebidas tendría efectos positivos inmediatos tanto para el entorno como para la economía. Así las cosas, urge demandar al Gobierno que actúe para eliminar el abandono de envases y garantizar su correcto reciclado mediante la implementación de sistemas de retorno de envases; prohibir el uso de microesferas de plástico; establecer las medidas necesarias para implantar la Directiva Europea sobre las bolsas de plástico de un solo uso para noviembre de 2016; fomentar medidas basadas en la economía circular, que apuesten la reutilización de la materia prima y nuevos materiales con menor impacto ambiental. 

Hay que cambiar también algunos hábitos personales. Las bolsas de plástico son solo la punta del iceberg, aunque marcan claramente la sociedad del “usar y tirar” en la que vivimos. Su sustitución debería ser un primero paso hacia un cambio que tiene y debe ser mucho mayor. Existen muchos envases y productos superfluos que llenan cada día nuestra bolsa de basura. Eliminar las bolsas de plástico es un pequeño cambio de hábitos y una gran mejora para el medio ambiente y que no sólo queda en decir: ¡No me des la bolsa! (de plástico), gracias.


sábado, 27 de agosto de 2016

Una de dobles

Javier Bardem y Jeffrey Dean Morgan
Existen determinados temas que, con algunas variantes, se van repitiendo en las culturas más dispares. Desde el que la mitología nórdica nos regalara el Doppelgänger, los dobles actúan como mal augurio y mensajeros de la muerte. Crucen los dedos, toquen madera y vamos con ello.

La palabra alemana Doppelganger proviene de los vocablos doppel (que significa «doble»), y ganger («andante») y se refiere a los dobles fantasmagóricos de una persona viva. Los doppelganger, conocidos también como gemelos malvados, son considerados como duplicados paranormales de algunas personas, que pueden manifestarse junto al sujeto original o lejos de él.  Por lo general, son tomados como señal de mal fario o de muerte inminente. Según escribió el dramaturgo sueco Strindberg: «El que ve a su doble es que va a morir».

Aunque uno los tenga por camelos, no son pocos los casos históricos más o menos documentados de doppelganger. Quizás el más conocido sea el del Abraham Lincoln, quien relató que en noviembre de 1860, en la noche de su primera elección como presidente de Estados Unidos, mientras se disponía a recostarse en un sofá, miró al espejo de la sala y, aparte de su imagen, vio un segundo rostro de sí mismo, pálido y fantasmal. «Me vi reflejado casi en toda mi longitud, pero mi cara tenía dos imágenes separadas y distintas. La punta de la nariz de una de ellas estaba cerca de tres pulgadas de la punta de la otra. Yo estaba un poco molesto, quizás sorprendido, y me levanté y miré en el espejo, pero la ilusión se desvaneció. Cuando me acosté de nuevo vi la segunda cara por segunda vez, más clara, si cabe, que antes; y luego me di cuenta de que una de las caras era un poco más pálida –digamos cinco tonos– que la otra. Me levanté y la cosa se desvaneció de nuevo». 

Según Carl Sandburg, biógrafo de Lincoln, éste «creía que esta extraña visión fue una señal de que sería elegido para un segundo mandato, y la palidez de la muerte de una de las caras significaba que no iba a vivir a través de su segundo mandato, cosa que efectivamente ocurrió con su trágico asesinato en 1865, mientras veía una obra de teatro».

La emperatriz rusa Catalina La Grande también vivió una escalofriante experiencia con una doppelganger de sí misma. En 1796 la reina estaba descansando en sus aposentos cuando sus alarmados guardias la llamaron con urgencia y le dijeron que la habían visto entrar a la sala del trono. Cuando entró a la sala real se vio a sí misma sentada en el trono. Catalina, pensando que se trataba de una impostora, ordenó a los soldados que le dispararan, pero la visión desapareció de inmediato. Días más tarde Catalina fallecería de un ataque de apoplejía mientras tomaba un baño.

En junio de 1893 el almirante inglés George Tryon viviría su día más aciago. Al mando de dos columnas de barcos que navegaban en la costa de Siria, dio una orden equivocada que significó que los barcos comenzaran a chocar unos contra otros. Casi cuatrocientos marinos perecieron ahogados. Las últimas palabras de Tryon, antes de hundirse con su barco, fueron: «La culpa es totalmente mía». Sin embargo, en el mismo minuto de este incidente y a miles de kilómetros de distancia, el mismo almirante Tryon fue visto en su mansión de Londres, en la que en ese momento sus esposa ofrecía una fiesta a sus amigos. Varios invitados juraron y perjuraron que vieron a Tryon vestido con traje de gala caminando por una escalera antes de entrar a una sala y esfumarse.

En el siglo XVI, mientras se encontraba en París, el poeta inglés John Donne recibió la intempestiva visita de su esposa, que apareció con un bebé recién nacido en sus brazos, antes de desaparecer misteriosamente en el umbral de la alcoba. El problema es que la esposa real de Donne no se encontraba en París, sino en Inglaterra, donde acababa de dar a luz a un bebé muerto. El famoso literato alemán Johan Wolfgang Von Goethe, autor de Fausto, se encontraba un día muy deprimido a causa de un mal de amores, por lo que, romántico como era, decidió salir a caminar por el campo. A poco de caminar vio a un jinete dirigirse hacia él. Cuando lo tuvo al frente, el poeta no podía dar crédito a sus ojos. Era él mismo, pero vestido con otras ropas. Ocho años mas tarde, el propio Goethe salió un día a dar un paseo a caballo por el mismo camino que había recorrido aquella vez y, recordando ese incidente, se dio cuenta que llevaba puestas las mismas ropas que vestía su doppelganger años atrás.

El caso de la profesora francesa Emile Sageé es redundante. En 1845 se encontraba dando clases en una escuela cuando su doppelganger apareció a su lado, repitiendo todos sus movimientos delante de trece asustados niños. En otra ocasión sus alumnos la vieron sentada en el aula mientras que por la ventana pudieron ver a su doble caminando por el patio. Las pocas personas que se atrevieron a acercarse al doppelganger descubrieron que podían pasar a través de ella, aunque aseguraron que tenía una textura que les recordó una tela gruesa. El director del colegio, ante el espanto de los padres por estos insólitos hechos, puso a la maestra (y a su doble) de patitas en la calle. Emile Sageé ya tenía hecho el cuerpo:  confesó que no era la primera vez que perdía su trabajo por culpa de su maldita doble. De hecho, había trabajado en 19 colegios en un lapso de 16 años.

El escritor francés Guy de Maupassant  relató que al final de su vida su doble se metió en su cuarto de trabajo y comenzó a dictarle un cuento que trataba, como no podía ser menos, de un espíritu maligno que se iba a apoderando de su protagonista. Después de escribir el cuento dictado por el presunto doppelganger, Maupassant comenzó a experimentar severos problemas de salud física y mental que le mandaron al frenopático, en donde moriría un año después.

Muchos escritores han desarrollado el mito del doble. Stevenson, Hawthorne, Dostoievski, Rossetti, Musset o Yeats, por mencionar algunos. Ha inspirado obras tan conocidas como El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde o El hombre duplicado de Saramago. Además, es un tema fundamental dentro de la obra de Borges, que lo recoge en su relato El otro de El libro de arena y que explica el terror y el rechazo que el escritor argentino, como el conde Drácula, sentía hacia los espejos a los que, por otra parte, no veía.

Sin embargo, lo cierto es que más que rechazo el ser humano siempre ha sentido fascinación hacia el doble. Hoy en día, gracias a herramientas como Internet o Facebook, no es extraño ver páginas dedicadas exclusivamente a la búsqueda de dobles por todos los rincones del planeta. Que uno sepa, con poco éxito.

Y es que son muy escasos los encuentros documentados entre un hombre y su doble, pero haberlos haylos. En el libro The case for Astrology (En defensa de la astrología) de John Anthony West y Jan Gerhard Tooner, se citan dos casos de “gemelos cronológicos” que merece la pena destacar.

El rey Jorge III de Inglaterra y el chatarrero Samuel Hemming nacieron el 4 de Junio de 1738 más o menos a la misma hora. Además de que entre ambos había un parecido físico notable, sus destinos presentaron grandes semejanzas: Jorge III accedió al trono el mismo día en el que Hemming adquirió su chatarrería, ambos se casaron el 8 de septiembre de 1761, tuvieron el mismo número de hijos del mismo sexo, sufrieron las mismas enfermedades al mismo tiempo, y ambos se fueron al otro mundo el 29 de enero de 1820 con pocas horas de intervalo .

El 28 de julio de 1900 el rey Humberto I de Italia estaba cenando en un restaurante de la localidad de Monza, donde se había dirigido para presidir una competición deportiva. El dueño del establecimiento salió a presentarle sus respetos y allí fue Troya: todos los presentes se quedaron estupefactos al ver que el restaurador y el rey eran como dos gotas de agua. Intrigado por el encuentro, el rey comenzó a preguntarle detalles sobre su vida. Las coincidencias iban más allá del parecido físico: los dos se llamaban Humberto, habían nacido el mismo día en la misma ciudad (Turín), se habían casado el mismo día con una mujer que tenía el mismo nombre (Margherita) y el hombre había abierto su restaurante el mismo día que Humberto I había sido coronado rey.

La amistad duró poco. Al día siguiente, Su Majestad iba a entregar los premios en un concurso de tiro en el que iba a participar su nuevo amigo. El dueño del restaurante murió durante el concurso cuando se le disparó accidentalmente la escopeta. Pocas horas después, cuando Humberto I abandonaba el estadio y se dirigía a su carruaje, fue asesinado a tiros por el anarquista italo-americano Gaetano Bresci.


Así que si en alguna ocasión cree ver a alguien que se parece a usted más le vale cruzar los dedos, tocar madera y poner pies en polvorosa. Nada bueno puede esperarse de un encuentro con un doble … salvo que sea de cerveza. Ahí lo dejo.

Las mujeres de Goebbels

Los hombres interesantes son los que tienen un futuro; 
las mujeres interesantes son las que tienen un pasado.
Óscar Wilde

Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda del Partido Nazi y artífice de la política de comunicación que llevó a Hitler al poder, dijo en una ocasión que una «mentira repetida mil veces se convierte en una verdad». Esta era una de las once consignas que ideó para manipular a la sociedad y en las que se basó para esconder las barbaridades nazis a la sociedad alemana. Este verano hemos comprobado que al parecer su forma de tergiversar la realidad funcionaba a la perfección, ya que logró que nadie se enterara del origen de su esposa o de que su propia secretaria creyese que los judíos que acudían a miles a las cámaras de gas se iban de colonias.

En 1934, Goebbels supo que su esposa había descubierto algo "horrible" relacionado con su biografía, un comentario sorprendente en un líder del nacionalsocialismo. Así lo escribió en su diario el que fuera fanático ministro de Propaganda de Adolf Hitler. Sin embargo, de aquello no se supo más. Hasta el pasado 22 de agosto, el día que apareció en la prensa un nuevo dato que habría provocado un auténtico escándalo en el Gobierno nazi y que podría ser ese algo "horrible" relacionado con su esposa al que se refería el "cinturón negro" del nacionalsocialismo: la esposa del ministro, Magda, considerada por el mismísimo Adolf Hitler como el prototipo de madre aria, era judía. O, para ser exactos, medio judía.

En un artículo publicado el 22 en el diario alemán Bild, el historiador Oliver Hilmes ha revelado que en los archivos de Berlín ha encontrado datos que prueban que Magda Goebbels era judía. Esa podría haber sido la razón por la que ella no ayudó a su propio padre, judío, cuando fue arrestado en Bruselas y enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde finalmente murió en 1938. Hace 15 años, la revista alemana Der Spiegel publicó un artículo donde hablaba sobre los supuestos orígenes de la mujer de Goebbels. Pero hasta el descubrimiento casual de Hilmes no se habían podido confirmar su ascendencia judía.

El padre biológico de Magda, Richard Friedlander, era comerciante. Se casó en 1908 con su madre, Auguste Behrend. La madre aportó al matrimonio una hija, nacida el 11 de noviembre de 1901, Johanna Maria Magdalena, que fue registrada con el apellido de soltera de su madre. Los caminos de Richard y Auguste ya se habían cruzado siete años antes de la boda en Berlín; de ese encuentro nació Magda. Friedländer era el padre. Richard y Auguste sólo estuvieron casados cuatro años, hasta 1905, cuando se divorciaron.  Auguste no anduvo soltera mucho tiempo: ese mismo año con el industrial alemán Oskar Ritschel, pero la pequeña siguió conservando el apellido materno porque su padastro se negó a adoptarla, algo poco habitual para las costumbres de la época.

Magda se casó dos veces. Primero con Herbert Quandt, un importante empresario alemán que hizo fortuna durante el mandato de Hitler. De esa relación nació un hijo, Harald. Después se unió a Goebbels, con quien tuvo seis hijos. Ese matrimonio duró desde 1932 hasta el final de los días de la "familia aria ideal" -como se les conocía- al completo, el 30 de abril de 1945, un día después de que se suicidara Hitler, cuando Magda envenenó a los seis hijos antes de suicidarse junto a su esposo en su búnker de Berlín.

Vamos con la otra mujer. En el Festival de Cine de Múnich celebrado el pasado mes de junio se proyectó el documental Ein deutsches lehe (Una vida alemana), cuya protagonista, la que fuera secretaria de Goebbels, BrunhildePomsel (que vive tan campante a los 105 años) confiesa que no se siente culpable por haber trabajado para él durante la Segunda Guerra Mundial y explica que una buena parte de los alemanes no sabía para qué demonios servían los campos de concentración y exterminio.

Desde que se estrenó el documental, la agenda de Pomsel debe de echar humo. Así lo demuestra el que haya concedido entrevistas a varios diarios internacionales, entre otros a The Guardian y The New York Times. Y lo que le espera, porque esta venerable ancianita es el único testigo vivo que puede contar el trabajo que se desempeñaba en el Ministerio para la Ilustración Pública y la Propaganda que dirigía Goebbels.

El ministerio goebbeliano era una factoría en la que todo eufemismo hallaba cómodo asiento antes de salir catapultado a la prensa domesticada. De allí surgieron términos como «campos de trabajo» (léase campos de concentración) o «avance elástico por la retaguardia» (léase retirada). Entre aquellas paredes Goebbels y su gente gastaban los calzones maquinando humillaciones y mensajes contra los judíos. La señora Pomsel ejercía varias labores en esta gigantesca maquinaria de propaganda en la que participó durante tres años. Sus tareas eran alterar algunas cifras, como modificar el número real de soldados alemanes caídos en el frente para evitar la desmoralización de las tropas, o multiplicar a su antojo la cantidad de violaciones de mujeres germanas por las tropas rusas. «Un trabajo de oficina más», dice tan campante.

Esta moderna versión de la abuelita Paz, insiste en que no tiene porqué sentirse culpable por haber realizado este trabajo: «Lo que hice no fue más que trabajar en una oficina con Goebbels […] No me considero culpable, a no ser que se culpe a todos los alemanes por hacer posible que aquel Gobierno llegara al poder».  No le falta razón: Hitler consiguió obtener un creciente apoyo popular mediante la exaltación del pangermanismo, el antisemitismo y el anticomunismo, sirviéndose de su talento oratorio apoyado por la eficiente propaganda de Goebbels y las concentraciones de masas cargadas de simbolismo. Con todo, la señora Pomsel, que es de comunión diaria, también afirma que se arrepiente un poquitín: «Cuando vives una época como aquella […] y solo piensas en ti misma, te queda mala conciencia».

Los rusos no opinaban lo mismo. Su benevolente forma de juzgar su trabajo no le sirvió de mucho para evitar ser arrestada por los soviéticos tras la contienda y permanecer recluida en una prisión durante cinco años en la que, como explica, la trataron muy mal a pesar de que «no había hecho nada». Nada, salvo ser nazi y trabajar al lado de Goebbels. Y es que la Pomsel, que aprendió su oficio trabajando con un judío (¡Ay Goebbels, cómo te las colaban!), y que, como no podía ser menos, se define como «apolítica», se afilió al Partido Nazi porque «todo el mundo lo hacía» y no le quedaba otro remedio si quería trabajar en la secretaría personal del ministro en la que ingresó en 1942.

Mientras que su jefe y sus compinches acababan con lo disidentes por millares, gracias a su edificante trabajo la señora Pomsel (entonces señorita) tuvo la oportunidad de tratar al Ministro de Propaganda, al que no duda en definir como un «caballero elegante y noble» que contaba con una familia sumamente educada. «Siempre nos saludaban», dice. También cuenta que Goebbels tenía sus prontos y que cuando se quitaba «su máscara de hombre culto y educado» se volvía absolutamente loco. Menos mal que era un «caballero elegante y noble».

Las declaraciones que han traído más polémica son cuando afirma que tenía constancia de que existían campos de concentración, pero que -como la mayoría de alemanes- desconocía las barbaridades que se hacían en su interior. «Por entonces no se quería que la gente fuera a la cárcel de forma inmediata, por lo que creíamos que se les llevaba allí para ser reeducados. Nadie se podía imaginar algo así», explica, refiriéndose al exterminio masivo de millones de personas.

¿Qué pensaba la señora Pomsel que les pasaba a todos los judíos que desaparecían a diario? Pues nada, hombre, que estaban de veraneo. Según señala, estaba convencida de que eran enviados a deportados a los Sudetes, la región que Adolf Hitler se anexionó antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y que -según ella- servía de tierra prometida a los miles de hombres, mujeres y niños arrestados a diario.

«Lo que sucedía realmente era un secreto, así que nos lo tragamos […] Todo el país parecía estar bajo el influjo de un hechizo». «Sé que nadie nos cree, se piensa que lo sabíamos, pero no. Todo era un secreto», concluye. 

Y ahora sí, cierro con Óscar Wilde: 

Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.