jueves, 25 de agosto de 2016

Un viaje mágico y misterioso por Abbey Road

Mientras preparo un viaje con Google Maps, el azar me lleva hasta los estudios de grabación de Abbey Road, donde la legendaria banda The Beatles grabó sus éxitos y en el que han resonado los ecos de bandas como Oasis y Pink Floyd o las canciones de Ammy Winehouse.  En Abbey Road también se han grabado las bandas sonoras de películas como las de Star Wars, Harry Potter e Indiana Jones.

Si tecleáis este enlace, gracias al Street View de Google entraréis directamente en los estudios caminando desde Abbey Road, justamente desde donde está el paso de cebra que fue portada del disco del mismo nombre. Desde allí hay un maravilloso Magical Mystery Tour en el que se puede recorrer el estudio y ver más de 150 imágenes panorámicas con vistas de 360 grados.

Además, al "caminar" a través de los estudios guiados por Giles Martin, uno de los productores de los estudios e hijo del mítico productor George Henry Martin (el “Quinto Beatle”), se accede a videos en YouTube e imágenes de archivo, además de jugar con el equipo J37, la grabadora de cuatro pistas que se utilizó para grabar el álbum Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band.

En este vídeo dos dejo una demo como aperitivo.


Enjoy that Magical Mystery Tour!

Guerra al azúcar en Estados Unidos

En Estados Unidos las empresas de bebidas carbónicas (los refrescos popularmente conocidos como “sodas”) emplean un doble lenguaje para desviar la atención del exceso de azúcar en sus productos. Un "impuesto a los comestibles" suena mucho peor que un "impuesto a los refrescos", ¿verdad? Sí, Big Soda [1] lo cree así.

Antes de volver a mi relato, permítanme que haga un inciso. No se trata de demonizar a los azúcares en general, porque son indispensables en nuestro metabolismo y, por tanto, debemos ingerirlos en nuestra dieta. También el agua es indispensable, pero el exceso de agua te puede ahogar ¿o no? El azúcar es una importante fuente de calorías en la dieta alimenticia moderna, pero se asocia frecuentemente a calorías vacías debido a la completa ausencia de vitaminas y minerales.

El cuerpo de este artículo se refiere a la ingesta de «azúcares libres». Estos incluyen los monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes, los cocineros o los consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de jugo de fruta. El gran problema de las bebidas gaseosas y de muchos alimentos industrializados es que el porcentaje de azúcar puede llegar al 80%. Los azúcares libres se diferencian de los «azúcares intrínsecos» que se  encuentran en las frutas y las verduras frescas. Como no hay pruebas de que el consumo de azúcares intrínsecos tenga efectos adversos para la salud, las recomendaciones para la ingesta restringida de azúcares no se aplican al consumo de azúcares intrínsecos presentes en las frutas y las verduras enteras frescas. Con su permiso, vuelvo ahora a mi relato.

El folleto proclama que Pablo Martínez, un tendero de ultramarinos,
dice que el impuesto sobre los comestibles perjudica a sus clientes
Cuando pasé este verano por la ciudad de Oakland, California, en la caja del supermercado y muy visible para los clientes, había un montón de folletos publicitarios como los que muestro en la imagen anexa. «¿Impuestos sobre comestibles? -le pregunto a un colega americano- ¿Alguna vez has oído hablar de un nuevo impuesto de ese tipo?». Me lo aclara: no existe ningún impuesto nuevo sobre los comestibles en general; la gente informada sabe que ese doble lenguaje se refiere a un nueva tasa sobre los refrescos. Pero, como dijo el premio Nobel de Medicina Peter Medawar, « un párrafo opaco siempre se oculta un ignorante o una trama delictiva»

La tasa, que cuando se planteó hace algún tiempo parecía un sueño de activistas radicales, se está imponiendo en Estados Unidos y si se impone allí no tardará en extenderse por todo el mundo. Las tasas sobre las bebidas gaseosas se están aplicando en Filadelfia desde junio. En noviembre, serán votados en San Francisco, Oakland y, posiblemente, en Boulder, Colorado. En San Francisco, la votación se repetirá por segunda vez, ya que el intento de imponerla hace dos años no salió adelante en la votación del Pleno municipal.

En todas esas ciudades, la idea básica es esencialmente la misma: El consumo de bebidas azucaradas induce a la obesidad y a la diabetes, y provoca muchos otros problemas de salud. Dado que las compañías de refrescos enfocan preferentemente sus objetivos comerciales en los residentes de los barrios pobres, en particular en los ocupados por latinos y personas de color, las estadísticas de prevención sanitaria reflejan que esos colectivos tienden de manera desproporcionada a enfermar por consumir demasiados refrescos.

La tasa hace que las bebidas azucaradas (no las bebidas gaseosas, sino también cualquier zumo, té, helado o productos industriales similares con azúcares añadidos), resulten más caros, lo que en teoría hace que muchos consumidores dejen de comprarlos. El dinero recaudado por esa tasa se destinará a programas tales como la educación preescolar gratuita, que redundarán en beneficio de los colectivos más perjudicados por las bebidas gaseosas y los alimentos edulcorados.

Por supuesto, las compañías de refrescos están en contra de esas tasas, por lo que, como hizo durante décadas la industria tabaquera, se están gastando mucho dinero para luchar 0contra ellas. La última vez que se sometió a votación en San Francisco una tasa a los refrescos , la American Beverage Association (ABA), el grupo de presión de la industria de refrescos, se gastó  9,1 millones de dólares en propaganda para derrotarlo. Y le funcionó.

Eso se debe en buena parte a que la ABA emplea a unos genios del marketing que han ideado el lema “impuestos sobre comestibles”. Aunque por lo general los estadounidenses pagan religiosamente sus impuestos, cada vez que oyen la palabra se ponen en guardia. El lobby sostiene que es una descripción exacta debido a la forma en que se están estructurando esas nuevas tasas. En realidad, la tasa no se aplica directamente a las bebidas azucaradas que se compran en cualquier tienda. En vez de ello, se aplican en origen como un impuesto a los distribuidores que venden las bebidas azucaradas a los minoristas y a las grandes superficies. Lo que hacen los distribuidores al por mayor es trasladar el impuesto a los minoristas mediante el aumento de precios. Los comerciantes pueden decidir cómo compensar ese incremento como más les convenga. Lo ideal sería que incrementaran el precio de las bebidas gaseosas. Pero si quieren mantener el precio y seguir con sus márgenes de ganancias habituales, son muy libres de subir los precios de cualquier otra mercancía. Nadie se lo impide.

«Eso significa que tanto si usted compra o no compra [sodas), su factura de supermercado se incrementará», puede leerse en la web No a los impuestos sobre Comestibles en Oakland, que está financiada de tapadillo por la ABA. Pero no todo el mundo se traga la píldora. Tres concejales de Oakland han denunciado que esa campaña es fraudulenta. Según uno de esos representantes, la concejal Rebecca Kaplan, la campaña ha estado mintiendo a los votantes de Oakland, tratando de asustar a la gente induciéndoles a pensar que alguien va a gravar los comestibles.


¿Quién tiene razón? La cuestión de fondo es si los comerciantes sólo aplicarán el impuesto a las bebidas azucarados o, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Sacramento por Oakland, lo extenderán a todo tipo de comestibles. Joe Arellano, un activista profesional pagado por la propia ABA, que se presenta ladinamente como un simple vecino portavoz de la campaña, mantiene que su grupo ha realizado “inspecciones aleatorias” en las tiendas en Berkeley y han detectado que los dueños de las tiendas no están subiendo los precios de las bebidas gaseosas.

Mientras tanto, un grupo de investigación en salud pública de la Universidad de California en Berkeley (UCB) que analiza el impacto de la tasa ha encontrado exactamente lo contrario: la mayoría de los propietarios de la tiendas de Berkeley han subido los precios de las bebidas azucaradas. Otros dos grupos de investigadores tuvieron resultados similares (1, 2). Merece la pena señalar que esos tres estudios se publicaron en revistas sometidas a revisión científica por pares, a diferencia de los controles sobre el terreno que la campaña anti tasas dice haber llevado a cabo sin que nadie pueda demostrarlo.

Los que defienden la tasa a los refrescos esperan que la demanda de bebidas azucaradas siga cayendo y que los minoristas finalmente dejen de comercializar las bebidas gaseosas. Parece utópico, pero ¿se acuerdan de los antiguos puntos de venta de tabaco? Se hace camino al andar.

Hay algunas pruebas de que el plan está funcionando. En un estudio recientemente publicado por un equipo de la Universidad de California en Berkeley, los investigadores encontraron que, desde que la ciudad de Berkeley, que fue la pionera nacional, aprobó la tasa el año pasado, el consumo de refrescos en los barrios pobres ha disminuido en un 21%. Un investigador dice que los datos son muy " alentadores. También mostró que las personas estaban bebiendo un 63% más de agua. Pero ojo con tirar cohetes: puede que haya habido otros factores que pudieran haber contribuido a cambiar de las sodas al agua, como por ejemplo una campaña de sensibilización que se hizo en esa ciudad informando sobre los peligros para la salud de las bebidas gaseosas. Otra señal positiva: después de que en México se aprobara una tasa federal sobre las bebidas gaseosas, la venta de refrescos disminuyó un 12%, mientras que las de agua embotellada se incrementaron en un 4%.

Cada uno de los alimentos incluidos en los
seis recuadros equivale a
6 cucharaditas (teaspoons) americanas
Mientras que escribo estas líneas, en la última semana de agosto, la Asociación Americana de Cardiología (AHA por sus siglas en inglés) ha emitido un comunicado en el que recomienda que los niños consuman un máximo de seis cucharaditas (alrededor de 100 calorías) de azúcar añadida al día. Un estudio realizado por la AHA ha detectado que los niños toman actualmente una media de 80 gramos de azúcar diarios, aproximadamente unas 19 cucharaditas, que es más de tres veces el límite recomendado.

Ese límite de seis cucharaditas de azúcar añadida es menor que el que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que recomienda que los azúcares no deben aportar más del 10% de las calorías diarias tanto en niños como en adultos. Para una dieta de 2.000 calorías, son unos 50 gramos de azúcar, el equivalente a unas 12 cucharillas de café. La media en Europa occidental ronda los 100 gramos, por lo que la reducción debería de ser de la mitad del consumo medio.

¿Qué cuánto son seis cucharaditas (teaspoons) de azúcar según las medidas americanas? En la figura adjunta incluyo un gráfico realizado por la organización de activistas Mother Jones en el que aparecen algunos productos y su contenido en cucharaditas. Es muy ilustrativo…. y preocupante.


[1] Big soda es un término utilizado por los medios de comunicación y varios grupos de activistas  para describir a la industria de los refrescos como una entidad colectiva. El término connota el negocio y el poder de lobby de las compañías de bebidas gaseosas, y se utiliza normalmente en relación con los tres gigantes del mercado de las bebidas no alcohólicas: Coca-Cola , PepsiCo y Dr Pepper Snapple, aunque el término también se utiliza en relación con la industria de los refrescos en general.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Corran a leer Noticias del Imperio

Y porque estoy tan confundida que a veces no sé 
dónde termina la verdad de mis sueños 
y comienzan las mentiras de mi vida.
Fernando del Paso, Noticias del Imperio (2015: 18).

Permítanme que en esta torpe y osada emulación de crítica literaria comience con el atrevimiento de contradecir lo que decía Fernando Pessoa, aquello de que «aconsejar es, en cierta forma, hacer el mal de entrometerse en la vida ajena» y que, sin ningún ánimo de convertirme en crítico y sin que nadie me lo haya pedido, les haga una rotunda recomendación: corran a leer Noticias del Imperio que, en mi opinión, es una novela entre lo real y lo fantástico que nunca caerá en el olvido y sobre la que podrán volver una y otra vez en la confianza de que jamás les defraudará. Con el tiempo he aprendido que el verdadero aprecio de la literatura no es una cuestión académica sino de temperamento; pues bien si en su temperamento encajan obras como Cien años de soledad, Pedro Páramo, Como agua para chocolate, La lluvia, La consagración de la primavera, Yo el Supremo o la Casa de los espíritus, Noticias del Imperio será otro de sus libros de cabecera. 

En 1861, Benito Juárez, Presidente Constitucional de México, suspendió el pago de la deuda externa. La medida sirvió de pretexto al emperador francés, Napoleón III, para enviar a México un ejército de ocupación con el fin de instaurar una monarquía al frente de la cual estaría un príncipe católico europeo. El elegido fue el incauto archiduque austríaco Fernando Maximiliano de Habsburgo, quien a mediados de 1864 llegó a México en compañía de su mujer, la princesa Carlota de Bélgica. Noticias del Imperio, el libro del flamante Premio Cervantes, el mexicano Fernando del Paso, se basa en este hecho histórico y en el destino trágico de los efímeros emperadores de México.

En Noticias  del Paso reconstruye el pasado contraponiendo relatos históricos a ficciones que tienen mucho de realismo fantástico sobre lo que pudo haber pasado en México durante el Segundo Imperio, lo que plantea al lector el desafío de discernir la “verdad histórica”. A través de una variedad de técnicas como el uso de múltiples narradores y la manipulación del tiempo y del espacio narrativos, dominado por la ya demente emperatriz Carlota, el autor chilango se centra en cuestionar la historia poniendo el foco sobre la relatividad que, inevitablemente, la acompaña. 

Si en las dos primeras novelas de Fernando del Paso (José Trigo, 1966) y Palínuro de México (1977) la historia funcionó como trampantojo (la huelga de los ferrocarriles del 58 en la primera, y la represión estudiantil del 68 en Palínuro), en la que fue su tercera y ahora reimpresa novela (por cierto, de esta reimpresión se ha caído el prólogo de la edición mexicana de 1987), la historia no sólo sirve de telón de fondo sino que asume el protagonismo, convirtiéndose en el tema fundamental. Las diferentes interpretaciones históricas y fantásticas sobre un mismo suceso sirven como punto de partida para poner en tela de juicio la reconstrucción del pasado. 

A través de una documentación precisa y directa, del Paso se esmera primero en cumplir todos los requisitos que exige el relato histórico, situando la novela indudablemente dentro de la tradición decimonónica de filtrar el pasado por el tamiz de la ficción y la “novelización”. Sin embargo, con el añadido de la descarada mezcla de arte culto y arte popular, dos elementos característicos del realismo fantástico, Noticias funde magistralmente la ficción y la historia. Al hacerlo consigue, por una parte, que se legitime la cultura popular, trayendo a la conciencia del lector la importancia de la “intrahistoria”, y por la otra, con el cuestionamiento y el escrutinio que conllevan la metahistoria y la metaficción, del Paso consigue que no haya diferencia entre el relato del novelista y el del historiador. 

Noticias es una encarnación de la metaficción historiográfica porque engendra el concepto paradójico de que el mundo ficticio es tan válido como el histórico. Mediante el despliegue de una gama de recursos que se antojan infinitos y de una vasta panoplia de tipos de obras escritas y orales -diálogos, documentos, artículos periodísticos, cartas, canciones, referencias bibliográficas, discursos, conversaciones, versos, en suma, de todas las fuentes históricas y folclóricas disponibles- del Paso desarrolla la época del Segundo Imperio mexicano, de 1864 a 1867, desde la perspectiva de la emperatriz Carlota en el presente novelístico de 1927, el año de su muerte. La anciana emperatriz loca domina la escena con largos y complejos monólogos desde el Castillo de Bouchout en Bélgica donde pasó sus últimos 60 años. Alternando con estos capítulos, se elaboran los antecedentes, los hechos y los resultados de la trágica aventura que llevó a los protagonistas desde Miramar a Veracruz y a Carlota, con claros signos de demencia, de regreso a su país de origen. 

Por lo demás, la base histórica e historiográfica constituye un estudio de las múltiples variaciones posibles sobre un mismo tema. A través de una exhibición metodológica de selección, recreación, análisis y cuestionamiento, del Paso subraya la complejidad de la narración histórica. Su novela afirma y niega simultáneamente la relatividad de los hechos ya que comprende lo verosímil, lógico, sistemático y accesible, junto con lo dudoso, inventado, imaginado e ilógico. Superponiendo voces y sistemas, el novelista afirma esta relatividad, al tiempo que cuestiona las causas, los efectos, los hechos y el significado del Imperio de Maximiliano y Carlota. Con esto consigue conceder al lector un generoso caudal de posibilidades de percepción.

Noticias es un relato sobre el poder, sobre la escritura de la historia y sobre la tradición oral de contar historias. Si tenemos en cuenta lo que anteriormente han dicho los historiadores en cuanto al fallido Imperio de Maximiliano y Carlota, no es difícil deducir que el ejercicio de escribir historia es un tedioso ejercicio de reconstrucción. Del Paso no obstante demuestra que para Carlota y otros protagonista de los hechos históricos, es además una cuestión de vida o muerte. Impulsados por el deseo de hablar o escribir, los cronistas crean su autobiografía como un intento de encontrar significado en su experiencia, a la que sitúan dentro de la historia de su país y del mundo. 

En la jerarquía de voces narradoras aparece en primer término lo que podríamos llamar un “supernarrador” que selecciona, encuadra e intercala la documentación histórica, consiguiendo con ello transmitir eficazmente la historia oficial. Su versión de los hechos contribuye al proceso de crear una panorámica fiel del México del siglo XIX, desde los escenarios más mundanos y domésticos hasta los movimientos sociopolíticos más importantes. De una u otra manera, a veces de forma casi imperceptible, esa voz está siempre en el trasfondo mirando, manipulando y, a veces, irrumpiendo como infalible narrador omnisciente. El papel del supernarrador resulta fundamental porque se parece mucho al del historiador profesional, el que rastrea el pasado y selecciona lo que le parece verosímil para presentar su versión de los hechos.

En un segundo nivel aparece un narrador implícito que escudriña la documentación histórica. Este se distingue de los otros en que no habla en la primera persona, aunque no es difícil observar en él al propio autor. Su voz aparece en texto, a veces con frases que siembran la duda: 
«[Al] parecer, casi todos los biógrafos e historiadores posteriores a Corti leyeron una u otra versión, pero no las dos» (p. 493). 
En otras confirma, extiende o contradice lo dicho por otros: 
«Cuenta Hidalgo y Esnaurrízar en sus memorias que se permitió preguntarle a Luis Napoleón....» (p. 83). A veces también condena a las fuentes históricas: «Algunos autores, como Adrien Marx [...], no saben de lo que hablan» (p. 484).
En otros casos inventa referentes históricos no consignados por los historiadores:  
«[…] esto no lo dice Corti ni ningún otro historiador, pero es de suponerse que el Pontífice no descuidaría un detalle semejante -dos bacinillas o tazas de noche: una para Carlota y otra para la señora del Barrio» (p. 493). 

Finalmente, ese narrador encriptado revela su propósito de investigador insaciable e inquisidor de su propia labor, como cuando habla un presunto soldado miembro del pelotón que fusiló al Emperador: 
«[…] Todo se lo dejo, para que ustedes hagan lo que quieran: una historia, un cuento, la crónica de un 19 de junio del 67, una novela, da lo mismo: una canción, un corrido. Se lo dejo para que ustedes escojan a su gusto qué fue cierto y qué no fue, para que lo ordenen como se les dé la gana» (p. 614). 
General Tomás Mejía, fusilado junto
a Maximiliano en el Cerro de las Campanas
Al parodiar la escritura histórica y al establecer un diálogo entre el investigador y sus fuentes subrayando las dudas que surgen entre el narrador y del historiador, del Paso pone delante del lector varias alternativas de interpretación. El metadiálogo que el narrador implícito de Noticias entabla consigo mismo y con sus fuentes, socava dentro del mismo proceso narrativo tanto a su propia autoridad como la ajena. Dentro del mismo proceso narrativo y a modo de puente tendido entre los narradores de la historia y los de la ficción, Noticias incluye un autor que habla en primera persona sin actuar en la obra. Este narrador se hace evidente en el capítulo que funciona de epílogo: 
«En mi opinión, Rodolfo Usigli no pudo eludir la historia» (p. 680). 
O más adelante: 
«Como le advertimos al lector -le advierto yo- el problema no es que en México hayamos matado a Maximiliano... [y] hayamos vuelto loca a Carlota: el problema es que a ninguno de los dos los enterramos en México» (p. 681). 
Involucrado emocionalmente en su narración, y viéndose obligado a comentar y especular, este narrador rompe con sus palabras la ilusión de realidad creada por la novela y recuerda al lector la ambiguedad que encierra toda recreación del pasado.

El general conservador Miguel Miramón
fue, junto al general Tomás Mejía,
el tercer fusilado junto a Maximiliano
Finalmente, la narración se completa con las voces de la representación y el diálogo. Hay capítulos que se componen totalmente de diálogos entre personajes históricos como Luis Napoleón, Eugenia de Montijo, Metternich o la correspondencia entre dos hermanos franceses. En estos diálogos imaginarios, del Paso afirma la autonomía de los actores del drama y, al mismo tiempo, mezcla brillantemente lo ficticio con lo histórico. Para reforzar este artificio literario, los personajes históricos como Maximiliano, Napoleón III y Benito Juárez, contribuyen a dar su versión de los hechos con su propia voz. Cuando el personaje-narrador se dirige a otro, el lector queda en actitud de espectador, convirtiéndose en testigo presencial de la acción. Así, se prefigura el tipo de diálogo más dramático de la novela, que son los soliloquios de Carlota con el interlocutor implícito, Maximiliano.

Del Paso, en su papel de elaborador de la invención, y recurriendo a varios elementos esenciales de la metaficción -o sea la parodia, la ironía, la intertextualidad y el narrador subversivo- destruye y subvierte en Noticias los resultados de su abundante documentación y su propia metodología. Lo consigue cediendo el escenario a Carlota quien, sistemáticamente, abre y cierra cada sección histórica y enmarca la obra entera, estableciendo una perspectiva de un siglo a otro, del presente novelístico (1927) al pasado. 

Por el hecho de ser la única protagonista del drama que se conserva viva en el presente novelístico, Carlota es el testigo presencial y ocular por excelencia. A pesar del carácter caótico y oral de los monólogos en Noticias, del Paso inunda la narración de Carlota de un inagotable  caudal de detalles históricos que emula la de todos los otros narradores “objetivos”. Se crea, por tanto, un choque entre el lector y sus percepciones del pasado. Por un lado, tenemos el deseo de creer al testigo clave, la Emperatriz, la única persona que queda viva y que estuvo allí donde se desarrolla el núcleo de la acción. Por el otro, estamos obligados a desconfiar de su locura, de su vejez  y de la incertidumbre de toda memoria.

Con ese enfrentamiento, el flamante Premio Cervantes nos permite, a la vez que nos impide, la búsqueda de la verdad. El caos que caracteriza los monólogos de Carlota, contradiciendo y poniendo en tela de juicio la eficacia de la narración sistemática de los historiadores en la misma novela, ocasiona otro problema en cuanto al significado del testimonio en la reconstrucción histórica. Al recordar hechos pasados con exactitud y detalle, divagando y exclamando, Carlota encarna el problema del testimonio que no son sino la expresión de recuerdos, expuestos siempre a complicarse con errores de la memoria, la resbaladiza memoria... Esto se percibe, por ejemplo, cuando Carlota examina en primera persona los motivos que la llevaron con Maximiliano a México y el significado de su función histórica: 
«Nos engañaron, Maximiliano, y me engañaste tú. Nos abandonaron, Max, y me abandonaste tú. Sesenta veces trescientos sesenta y cinco días me lo he repetido, frente al espejo y frente a tu retrato, para creerlo: nunca fuimos a México, nunca regresé a Europa, nunca llegó el día de tu muerte, nunca el día en que, como ahora, aún estoy viva» (p. 16). 
Además, la historia depende de una serie de accidentes que jerarquizan a los hechos y a los participantes. De este modo Carlota condena a los actores secundarios a recordar y reportar los hechos, protegiendo a los actores principales con la muerte, que los salva de esa responsabilidad. Mientras Maximiliano ignora el paso del tiempo, congelado en su retrato, Carlota se ve obligada a reconstruir una realidad que la destruye cada vez que la narra y critica con emoción: 
«[…] estoy loca [,...] estoy vieja, [...] tengo el corazón cubierto de costras y [...] el cáncer me roe los pechos. Y mientras tanto, tú qué has hecho [...] sino quedarte, colgado en las galerías, alto, rubio, impasible» (p. 16).
Más adelante, aludiendo a los instrumentos que precisa el historiador para elaborar una síntesis de los hechos, la visión emocional y dinámica de Carlota se sobrepone a la del historiador: 

«[…] Y busco mis recuerdos en las cartas que me escribiste desde Querétaro [...] y donde me contabas [...] Max, qué risa, que al llegar al Cerro de las Campanas se atascó la puerta del coche negro que te condujo y tuviste que salir por la ventana, y [...] me contaste, qué pena, Max, que tu primer ataúd estaba muy corto y se te salían los pies [...] Qué risa, qué dolor, que pena, mi pobre Max, mi pobre Mambrú que se fue a la guerra» (p. 17).
Carlota integra sus recuerdos en la palabra escrita, dándole forma de carta y reconociendo que la memoria y el testimonio no bastan para efectuar la reconstrucción de un episodio. Añadiéndole la canción infantil Mambrú se fue a la guerra junto con elementos de farsa a su relato, reduce un hecho trágico y esencial de la historia de México y del mundo a un nivel trivial y apócrifo. Borrando los límites entre lo serio y lo cómico, lo transcendental y lo trivial, lo ortodoxo y lo herético, del Paso crea un efecto paradójico que desequilibra y subvierte el status quo

Los monólogos reiteran el concepto de que la recreación del pasado gira alrededor de una variedad compleja de percepciones contradictorias. En el caso de Noticias, Carlota irónicamente se vuelve la narradora accidental y embaucadora: 
«Si supieras, Max, qué terror me dio la primera vez, cuando vi todas esas páginas en blanco, cuando me di cuenta que no sabía en cuál tiempo verbal contarlos» (p. 18). 
Carlota de Bélgica en su lecho de muerte (1927)
Carlota confunde la comunicación oral con la escrita, enfrentándose irónicamente con los mismos problemas del historiador. Del Paso parodia el modo de contar que la historia considera legítima, puesto que no se la ha prohibido a una loca desmemoriada. Al mismo tiempo, el novelista relaciona a Carlota con los otros narradores miméticos de Noticias, como el genial relator de uno de los mejores capítulos -Camarón, camarón-, recordándonos el parentesco entre la historia popular y la oficial.

Carlota cuestiona el concepto de la autoridad en la reconstrucción del pasado. Reiterando la ineficacia de ambas, la palabra escrita u oral, de la voz culta o popular, para comunicar su pasado, admite: 
«[…] porque estoy tan confundida que a veces no sé si fui de verdad María Carlota de Bélgica, si soy aún Emperatriz de México, si seré algún día Emperatriz de América. Y porque estoy tan confundida que a veces no sé dónde termina la verdad de mis sueños y comienzan las mentiras de mi vida» (p. 18).

Las conclusiones de del Paso se basan, a fin de cuentas, en una visión escéptica del mundo, como la interpretación de Carlota en su letanía emotiva y personal sobre lo efímero de la vida humana y la impotencia de la historia para darle legitimidad como ser humano y como emperatriz: 
«[…]  Y ahora quién de los vivos puede decir que vio nacer a tu padre [...] Quién, dime, Maximiliano, recuerda nuestra entrada triunfal [...] Quién, ahora, más de sesenta años después, puede decir que recuerda que las cuarenta y ocho campanas de la catedral tocaron a rebato [...] y quién te vio, Maximiliano, en tu celda del Convento de las Teresitas de Querétaro sentado el día entero en tu alta bacinilla de porcelana [...]  Sólo la historia y yo, Maximiliano [...]  Sólo la historia y yo, Maximiliano, que estamos vivas y locas. Pero a mí se me está acabando la vida» (p. 19-20). 
Noticias del Imperio no sólo cuestiona y subvierte la historia como garante de la verdad, sino que prueba que los procedimientos de la escritura de la novela y los de la historia son los mismos. Lo hace fundiendo lo popular con lo culto, lo escrito con lo oral, lo verosímil con lo inventado para que el lector llegue a una reconstrucción más completa y convincente del Imperio y la tragedia de Carlota y Maximiliano que la que la historia y la literatura le han proporcionado hasta el presente.

martes, 23 de agosto de 2016

Una ojeada al mundo: Egon Erwin Kisch y el origen del periodismo gonzo

«Cuando arribó a Veracruz el primer barco cargado de refugiados españoles y llegaron a bordo los periódicos mexicanos, los pasajeros se quedaron estupefactos al leer en grandes titulares: ‘Huelga de tortilleras’. ¿Qué extraño país es ese, se dijeron los recién llegados, donde tales mujeres se declaran en huelga? ¿Y cuáles serían sus reivindicaciones: reducción de la jornada de trabajo, aumento de salarios, contrato colectivo?».
Egon Erwin Kisch, Descubrimientos en México, 1988: 22.

Hunter S. Thompson
El periodismo gonzo es un estilo de reportaje, subgénero del nuevo periodismo, que plantea la noticia  como un ejercicio literario capaz de influir en ella al tiempo que convierte al periodista en parte importante de la historia, como un actor más; también suele imprimir más importancia al contexto que al texto, es decir, concede más protagonismo al ambiente que al hecho mismo. El término se usó especialmente para describir el característico estilo narrativo del periodista y escritor estadounidense Hunter S. Thompson (1937-2005), alma mater de la revista Rolling Stone durante treinta años, quien según la crítica inauguró el subgénero con su artículo El Derby de Kentucky es decadente y depravado (1970), que Tom Wolfe rescató en el libro El nuevo periodismo (1973).

«¿Qué estás bebiendo? Yo había ordenado una margarita con hielo, pero él no quería oír hablar de eso: ‘No, no, ¿qué tipo de trago es ese para el Derby de Kentucky? ¿Qué te sucede muchacho?’ Él sonrió y le hizo un guiño al encargado del bar. ‘Maldita sea, vamos a educar a este muchacho. Tráele un poco de buen whiskey”», escribió Thompson en ese artículo redactado por encargo para una pequeña revista deportiva, Scanlan's Monthly. Thompson, que ya había publicado su archiconocida novela Los ángeles del infierno, no retrató lo que sucedió en la carrera (a la que también han dedicado piezas literarias Charles Bukowski o Fernando Savater), que era lo que el editor le había pedido, sino todo el mundo alrededor del derby. 

Convertido en un personaje más de la crónica, Thompson describió sus propias vivencias, el racismo de la América del “cinturón de la Biblia” y la decadencia de la multitud, cuyo comportamiento incluyó en  lo que él consideraba el “rostro sureño” de Estados Unidos. En una práctica que caracterizaría su carrera, con la fecha límite de entrega encima y sin ninguna historia coherente que presentar, Thompson se limitó a arrancar páginas de su cuaderno de notas, las enumeró y la envió a la revista dando por seguro de que nunca iba a cobrar. El resultado de aquellos garabatos y borrones fue un ejercicio periodístico único. El artículo pasó a la historia por su llamativa narración de primera persona, escrita con una maníaca subjetividad.

En el corazón de Hunter S. Thompson, como en el de otros tantos excelentes periodistas, siempre late la literatura. Ocurre, sin embargo, que la ineludible crueldad de la limitación de espacio en los periódicos convierte los artículos periodísticos en telegráficas amputaciones de textos nacidos con vocación de ser ensayos literarios. Leyendo algunas columnas de opinión, uno se da cuenta de que los periódicos se han convertido en una colección de muñones, en una fallida galería de prometedora literatura. 

El buen periodista necesita dar rienda suelta a su apetito por narrar, por satisfacer su larvado enfrentamiento hacia los periódicos, cuya obligada cortedad expresiva los convierte en cirujanos mutiladores de la creación literaria. El buen periodista es alguien a quien le gusta narrar historias y sabe que no hay una sola verdad y que si dos testigos relatan lo que están viendo en un momento, posiblemente lo narrarían de forma muy diferente. Por eso, por instinto profesional, por pura necesidad de narrar, por el vicio de leer poemas y novelas, y por estar disconformes con el modo que se tiene de contar la realidad, los buenos periodistas acaban por desembocar antes o después en el intrincado laberinto de la ficción literaria.

Esa ha sido la trayectoria que han seguido Hunter Thompson, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Luis Monje Ciruelo, Lester Bangs, P.J. O'Rourke, Truman Capote, Eduardo Haro Tecglen, Tom Wolfe, Gay Talese, Norman Mailer, Manuel Vázquez-Montalbán, Terenci Moix, Raúl del Pozo o Francisco Umbral. Pues bien, no busquen más: la firma de origen es la de Egon Erwin Kisch.

Egon E. Kisch
En el frontispicio de ese templo del periodismo gonzo que es El reportero veloz (1924), la colección de reportajes más conocida del injustamente desconocido Kisch, ondea su lema vital: «No hay nada más sensacional en el mundo que el tiempo en que a uno le toca vivir». Si en esa frase hay un plan de escritura periodística, ese es el guión al que Kisch ajustó rigurosamente toda su carrera. Por lo demás, es probable que la vida misma de Kisch, como la de Stephen Zweig y tanto otros judíos condenados a la diáspora, haya sido una de las más sensacionales de su tiempo. 

Egon Erwin Kisch nació en Praga el 29 de abril de 1885 y murió en la misma ciudad el 31 de marzo de 1948. En el ínterin le echó una ojeada al mundo. Llamado a filas, durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el ejército austríaco con el que combatió en los frentes de Serbia y los Cárpatos; después de algunos arrestos por escribir contra el comportamiento de los militares, desertó en 1918; su experiencia le sirvió para redactar su libro Soldat im Prager Korpsn (1922), más conocido con el título Schreib das auf, Kisch! (¡Anótalo, Kisch!).

Kisch era un comunista declarado comprometido con los asuntos internos del Komintern.. En 1919 fue el cofundador del Partido Comunista de Austria. Vivió de primera mano los delirantes años veinte berlineses. Conocido como “Der Rasende Reporter” (El Reportero Veloz), Kisch, amigo íntimo de Franz Kafka, había sido reportero del periódico alemán Bohemia de Praga, y dirigido Die Rote Garde (La Guardia Roja) y el semanario Der Freie Arbeiter (El Trabajador Libre). Cuando en 1931, después de ocupar Manchuria, los japoneses invadieron China, viajó siete días en el Transiberiano desde Moscú hasta China. Sus reportajes como corresponsal de guerra se convirtieron en el origen de su libro China geheim (China secreta). 

En 1933, fue víctima de la gran redada de disidentes que ordenó Hitler al día siguiente del incendio del Reichstag y sus obras sufrieron el destino pirómano que las de muchos otros enemigos de la ideología hitleriana. Kisch, que había sido arrestado repetidas veces, recordaba que la noche de su detención en febrero de 1933 levantó las manos, se dejó cachear, respondió a un interrogatorio y descubrió con placer el interés detectivesco que los agentes le dedicaron a un volumen de sus reportajes en holandés. Luego estuvo preso en la temible cárcel de Berlín-Spandau. Su ciudadanía checoeslovaca le salvó la vida pero no evitó la deportación. Comenzó entonces un peregrinaje que empezó en Inglaterra, continuó por Australia, siguió por España y terminó finalmente en México su penúltimo destino antes de que, agotado, muriera en Praga en 1946. Esa obligada égira sirvió como título de su libro de reportajes Abenteuer in fünf Kontinenten (Aventuras en cinco continentes).

Egon Erwin Kisch en Melbourne, durante su viaje a Australia en 1934
En 1933, cuando fue deportado, Reino Unido lo expulsó por ser un reconocido agitador subversivo. Se instaló entonces en Francia, pero los tentáculos de la Gestapo no le perdían la pista, así que decidió poner agua por medio. En noviembre de 1934 llegó a Australia como pasajero del barco británico Strathaird que había abordado en Marsella. Las autoridades australianas impidieron su desembarco y lo repatriaron en el mismo buque en el que había llegado. No contaban con la tenacidad y la audacia de Kisch. Cuando el Strathaird empezaba a zarpar del puerto de Melbourne, decidió saltar desde la cubierta, a una altura de cinco metros y medio, rompiéndose una pierna, episodio al que alude jocosamente el título de su libro Landung in Australien (Aterrizar en Australia). Las autoridades australianas trataron de impedir por todos los medios legales su entrada en el país, lo que incluyó un insólito e inflexible examen de idiomas ad hoc que Kisch, poliglota consumado, superó en varias lenguas europeas menos en… gaélico escocés; resignado, el Gobierno australiano no tuvo más remedio que permitir su entrada. 

Kisch aprendió español en España, donde participó en la Guerra Civil al mando del Batallón Masaryk de la la 129ª Brigada Internacional. La derrota de 1939 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial significaron para él una dramática agudización de la criminal amenaza nazi que se cernía sobre su cabeza. Sabía muy bien que si caía otra vez en manos de la Gestapo estaba perdido. Por eso salió de Europa con destino a Estados Unidos, que le denegó el permiso de residencia por rojo; optó entonces por el asilo que le concedió el acogedor México de Lázaro Cárdenas. 

En México, su conocimiento del idioma no sólo le facilitó la vida práctica, sino que lo condujo a descubrir un país excitante, que pretendía ensayar una peculiar forma de revolución, cuyo paisaje deparaba prodigios como el súbito nacimiento de un volcán, el Paricutín, y en el que la historia se entreveraba con lo cotidiano no sólo en los vestigios prehispánicos, sino en el mercado donde convergían culturas fascinantes y donde podían descubrirse historias secretas de la emperatriz Carlota.

De su estancia en México nace Marktplatz der sensationen (Plaza de las sensaciones), libro fundacional de El Libro Libre, la editorial que crearon, entre otros, Anna Seghers, Ernst Römer, Leo Katz, Ludwig Renn, Lion Feuchtwanger, Bodo Uhse, y el propio Kisch, que es un reportaje sobre el reportaje. Hasta ese momento Kisch había practicado la reproducción precisa de los “hechos reales”, pero en el México fantástico de Juan Rulfo cayó en la cuenta de que la «descripción directa de la realidad es mucho más difícil de lo que se piensa» y de que «nada es desmentido de manera más pronta, radical y enérgica como la verdad», por lo que concluyó que la creación de un reportaje debe basarse en la fantasía.

Entdeckungen in Mexiko (Descubrimientos en México), que editó en español la editorial Nuevo Mundo en 1944, es la demostración de esa idea. En sus 34 ensayos breves, en los que resulta evidente que Kisch contempla con los ojos de un extraño los temas centrales que marcan la imagen de México, su imaginación propicia audacias literarias tales como una entrevista a las pirámides que le permite indagar en la historia y en la fascinación que ha producido un país que no puede reducirse al exotismo. En esos ensayos está su estilo: reportajes rápidos y sarcásticos con toque literario y por lo general en primera persona, es decir, a fin de cuentas, sin mayores pretensiones de objetividad. 

Que haya sido o no el inventor del reportaje literario, importa un bledo. Es uno de sus mejores exponentes y, fuera de toda duda, el más cosmopolita de todos los que han practicado el estilo gonzo.